martes, 2 de agosto de 2016

EL PAYASO DE LA MECEDORA

(En casa en el salón, muy ordenado; ambos preparándose para salir, vestidos formales)
Pedro: ¿Con quién dejamos a los niños? No lo podemos dejar solos…
Claudia: Llamemos a Laura, ella puede cuidar a los niños.
(Llamaron a Laura para que cuidaran a los niños)
Joven Laura: (Tocando el timbre) Hola, hay alguien?
Claudia: (Abre la puerta) Hola Laura, por favor entra.
Joven Laura: Gracias (entrando a la casa)
(Laura ya dentro de la casa fueron al living)
Pedro: Podrías cuidar a mis hijos, mientras yo y Claudia vamos a celebrar nuestro aniversario si no te importa.
Joven Laura: Si, no tengo problema.
Claudia: (Escribiendo en un papel) Aquí esta nuestro numero por si pasa algo.
Joven Laura: Ya, gracias (recibiendo el papel)
(Pedro, Claudia y Laura fueron a la puerta)
Pedro: (Abriendo la puerta)  Bueno nos vamos entonces.
Claudia: Chao, Laura.
Joven Laura: Chao nos vemos.
(Laura cierra la puerta y va a ver a los niños que por suerte están durmiendo y al fue al living a verse una película en la tele)
(Un minuto después fue a ver de nuevo a los niños y de repente ve un payaso de aspecto escalofriante en la mecedora y se fue a ver la película)
(Un minuto después Laura tenía que ver a los niños y con temor el payaso de la mecedora, Laura tuvo que llamar a Pedro)
Joven Laura: (llamando a Pedro) Hola Pedro?
Pedro: (contestando el teléfono) Hola, Laura ¿qué pasa?¿paso algo con los niños?
Joven Laura: No, no pasó nada con los niños ¿puedo pedirte un favor?
Pedro: Si, claro ¿Qué favor?
Joven Laura: (Hablando con temor) puedo tapar su muñeco de payaso con una sábana? Es que en realidad me asusta.
Pedro: (demorando en contestar) ¡no tenemos ningún muñeco de payaso!
Joven Laura: cómo? Si yo vi un payaso en la habitación de los niños
(De repente escucha pasos detrás de ella dio la vuelta vio al payaso y gritó con terror votando el teléfono y colgando al instante)
(Pedro escuchando el grito trata de hablar con Laura pero esta corta la línea tratando de llamarla hasta que se rindió de llamarla cuando de repente sonó el celular, Pedro contesta)
Pedro: Hola, Laura ¿eres tú?
Payaso: (con voz ronca) Hola, puedo pedirle un favor, puedo tapar a su niñera con una sábana es que me da mucho miedo (terminando con una risa tenebrosa)
(Pedro tras escuchar la risa, se paró de repente diciéndole a Claudia que encienda el auto)
(Llegaron a la casa y abrieron la puerta, Pedro vio con horror el charco de sangre tres cuerpos los de sus hijos y la de la Laura, mientras que Claudia horrorizada grito)
(Pedro llamo a la policía tras cinco minutos de investigación no encontraron al asesino)
(Pedro y Claudia quedaron devastados tras la muerte de sus hijos y Laura, se mudaron de ciudad para olvidar lo sucedido)
LAS LUCES

Al principio sólo eran sonidos, rasguños en la almohada que mantenía abrazada mientras trataba de descansar después de tantas horas de trabajo. Le asustó, cierto, pero mantuvo la calma y pensó que era su propio agotamiento el que la hacía tener alucinaciones auditivas. Los rasguños en la cama no son tan inhabituales ¿no?. Muchos los hemos oído. Son visitantes que quieren comunicarnos que "están ahí también, que no estamos solos".

La joven vivió con esa extraña experiencia unos días y terminó por acostumbrarse, pero una noche ocurrió algo terrible. Estaba tumbada en la cama, descansando, su marido estaba afeitándose en el cuarto de baño, y de pronto unas lucecitas de un tamaño algo mayor que el de las canicas, blancas azuladas y brillantes, comenzaron a salir de debajo de la cama.

Subieron, ascendieron hasta ponerse encima de ella, y bailaron.

La chica las miró estupefacta, tragó saliva y respiró profundamente. ¿Qué era aquello? ¿De dónde salían? ¿Qué las producía?

Y entonces las luces comenzaron a bailar con movimientos más bruscos, y una poderosa fuerza salió de ellas. La chica notó esa fuerza en puñetazos y patadas invisibles que la golpeaban y estampaban contra las paredes... Gritó, y su marido se cortó con la gillette. Cuando él iba a salir la puerta del cuarto de baño se cerró de golpe.

La joven española emigrante sufrió una paliza que la dejó destrozada, y no pudo hacer una denuncia, porque en qué comisaría de policía iban a escuchar semejante historia sin echarse a reir.

No volvió a ocurrirle porque volvió a España entre lágrimas y terrores.

lunes, 1 de agosto de 2016

LOS RELOJES

En un viaje de Valencia capital a Cullera, lugar de la costa valencia al que ya estaban casi llegando, un matrimonio sudamericano sufrió un avistamiento del que no fueron realmente conscientes.
Era aún de día y sólo recordaban el sonido estridente de la radio y las luces que se acercaban hacia ellos cegándolos.
Nada más. No recordaban nada más.
Al despertar vieron que estaban en la cuneta, con el coche en marcha y en estado de semisueño. Despertaron y siguieron su camino mientras se preguntaban qué había ocurrido.
- ¿Qué hora es? -preguntó el marido mirando su reloj.
- Las cinco. -Contestó su mujer.- Pero está parado, no puedo asegurártelo.
El hombre se dio cuenta de que su hora coincidía con el reloj de la mujer pero le extrañaba algo: la tarde estaba acabándose, se notaba en el cielo.
Llegaron a los pocos minutos a Cullera y lo primero que hizo el hombre fue entrar en una relojería:
Todos los relojes marcaban las cinco de la tarde, y como el suyo y el de su esposa, todos estaban parados. El dueño iba de uno a otro poniéndolos en marcha, dándoles cuerda, mirando las pilas.
El sudamericano se presentó y le confesó lo que le tenía preocupado, a lo que el dueño de la relojería contestó:
- Hoy ha ocurrido algo extraño, todos los relojes de la tienda se han parado a las cinco de la tarde.

domingo, 31 de julio de 2016

VIAJE SIN CONCIENCIA

En los años setenta, un par de amigas viajaban por la vieja carretera de Ademuz en dirección a La Eliana, un pueblecito -entonces pequeño- con mucho terreno de chalets para veraneantes. Allí una de ellas tenía una casa y era donde se dirigían.
Era por la tarde y conducían con tranquilidad cuando el coche comenzó a hacer cosas raras. La radio se encendió de pronto y una brillante luz blanca se puso sobre ellas. Perdieron el conocimiento ambas, o al menos aseguraron no recordar absolutamente nada.
Al despertar estaban en el chalet, dentro del coche. Salieron aturdidas de él sin recordar cómo habían llegado hasta allí, y al salir comprobaron que el coche estaba como loco: el limpiaparabrisas estaba en marcha, los intermitentes se encendían y apagaban...
Jamás supieron lo que pasó y cuánto tiempo duró aquello, tan sólo podían recordar que salieron a mitad de tarde y que cuando despertaron era de noche y habían llegado a la casa.


viernes, 29 de julio de 2016

LA CASA ABANDONADA

En un pueblo de la Comunidad Valenciana ocurrieron estos hechos cuya noticia llegó hasta el periódico. A mí me lo contó alguien del mismo pueblo.
Cinco chicos se reunieron en una vieja y solitaria casa abandonada en mitad de tierras de huerta con el fin de hacer espiritismo.
Lo prepararon todo, comenzaron, y como en cada sesión que se precie, uno de ellos, el portavoz, hizo la cuestión de inicio: "Si hay alguien que te moleste aquí, dinos quien es y se irá".
El vaso indicó dos nombres, los dueños de los nombres se miraron sorprendidos y se despidieron de los otros tres. Volverían al pueblo caminando. Ya se verían más tarde.
Dejaron a los otros tres con su sesión de espiritismo y conversaron por el camino. Cuando llevaban unos cien metros andados escucharon un ruido y se giraron: la casa caía derrumbándose sobre los tres chicos que se habían quedado en la sesión espiritista.